
¿Quién siendo niño no ha creído en la existencia de los marcianos, o que los ovnis son realmente naves de transporte fletadas por una lejana civilización, o que las pirámides de Egipto fueron levantadas siguiendo las instrucciones de un ser extraterrestre?
Hoy como ayer, los niños y los adolescentes son bombardeados con información de todo tipo y, obnubilados, se creen prácticamente todo. Para colmo, la TV --incluida la de gestión pública-- no es precisamente un dechado de virtudes pedagógicas ni ayuda a que los menores se construyan una idea o una imagen cabal de cuanto les rodea; de modo que al paso de los años numerosos niños acaban siendo jóvenes, ¡y luego adultos!, que mezclan certidumbres y falacias y, a lo peor, otorgan más fiabilidad a las segundas que a las primeras.
Esa confusión, para colmo, marca actitudes ante la vida y ante la sociedad. Y esa confusión es, en definitiva, uno de los pilares de la ignorancia y a la larga, de la inmadurez.
En ese escenario es fundamental que los niños desarrollen criterios, ante todo por su propio bien. Para que los menores se formen como personas sensatas y dispuestas a aprender --¡y de paso asuman que es preciso estudiar!-- es necesario enseñarles a razonar. Y eso es precisamente lo que ofrece Cómo indagar los misterios: ¿existen los fenómenos paranormales?, título que forma parte de la colección El juego de la ciencia.
Se trata de un libro perfectamente comprensible para los niños y que, abordando un asunto que les llama la atención, resulta de fácil lectura y aprenden más de lo que parece. Tal como subraya Gerardo García-Trío en la reseña que ha publicado Círculo Escéptico, este libro “debería estar en colegios y bibliotecas, como una vacuna cultural contra esos charlatanes siempre boyantes y sus misterios artificiales”.
Texto, Félix Soria, periodista colaborador de CDL
[Edita ONIRO]



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