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6 sept 2010

"La auténtica historia de las minas del rey Salomón"

Las minas del rey Salomón forman parte de la cultura popular europea desde hace más de un siglo, no tanto por la Biblia y el mítico monarca judío, como por la novela de aventuras que escribió el inglés Henri Rider Haggard, publicada en 1885, en la que relata las peripecias de un grupo de exploradores que viajan a África en busca de un inglés perdido en el corazón del África negra.
La obra alcanzó inusitada difusión en su época --todavía hoy es una obra que goza de tirón comercical-- porque era la primera vez que una ficción literaria situaba la trama en el entonces desconocido continente negro. Las minas del rey Salomón de Rider Haggard está considerada la primera novela sobre mundos perdidos.
La autentica historia de Las minas del rey Salomón, de Carlos Roca, es un intento de sistematizar los conocimientos, los datos objetivos y también las leyendas de las que se dispone y circulan de boca en boca sobre las famosas minas pero, por encima de todo, este libro es una exposición de algunos de los hechos que protagonizaron los servidores del Imperio británico y de los consorcios ingleses que financiaron decenas de exploraciones en África durante el siglo XIX con el objetivo de hallar riquezas naturales.
En esa línea, el libro de Roca se refiere, concretamente, al territorio de los matabele (en el actual Zimbabue), donde según las escasas noticias de que se disponía en la Europa del siglo XIX existían abundantes reservas de oro y piedras preciosas. En el caso concreto del país de los matabele y en el conjunto de la historia de la colonización de África, uno de los personajes más representativos del afán británico por buscar y apropiarse de riquezas fue Cecil Rhodes (fundador de la desaparecida Rodesia, que abarcaba los actuales territorios de Zambia y Zimbabue), que también estaba convencido de que las tierras de los matabele escondían las míticas minas del tercer rey del antiguo Israel.
Hipótesis versus pruebas arqueológicas
No obstante, la hipótesis de que las minas del rey Salomón estuvieran ubicadas prácticamente en el cono sur de África es remota, por no decir descartable, entre otras razones por motivos logísticos. Además, recientes investigaciones indican que las minas del legendario rey judío eran de cobre, no de oro ni de piedras preciosas, y que estaban en la actual Jordania; lo que de entrada es más razonable que situarlas en un territorio situado a más de 10.000 kilómetros del antiguo reino de los judíos.
El equipo de arqueólogos que en el año 2006 identificó una abandonada y olvidada exlotación minera jordana como el más que probable origen de parte de las riquezas del rey Salomón estaba dirigido por Thomas Levy, catedrático de la Universidad de California (EE UU) y por Mohammad Najar, investigador adscrito a la organización Amigos de la Arqueología de Jordania.
El equipo de arqueólogos encontró en Khirbat en-Nahas (distrito jordano de Faynan) pruebas de que hace entre 3.000 y 5.000 años allí se extraía mineral y funcionaba una fundición de cobre, metal que en aquella época y en siglos posteriores tenía un muy elevado valor pues se utilizaba, amén de para fabricar herramientas y armas, para acuñar moneda. Es más, las minas de Faynan ya habrían sido explotadas por los egipcios, pues entre los hallazgos del equipo Levy-Najar figuran un escarabajo y un amuleto de inequívoco origen egipcio.
En todo caso, el libro de Carlos Roca merece lectura porque --además de dar ubicación racional a las minas a las que se refería Rider Haggard en su famosa novela del siglo XIX-- narra el enfrentamiento entre la codiciosa clase dirigente de Gran Bretaña y un pueblo, el de los matabele, que ilustra el comportamiento del imperialismo, lo que ayuda a comprender los avatares vividos en la geografía que hoy ocupan los Estados de Malawi, Zimbabwe, Zambia y Sudáfrica, entre otros.
Edita NOWTILUS

24 oct 2009

"La sabiduría de los mitos"

Tal y como hizo con la filosofía en Aprender a vivir, Luc Ferry vuelve accesibles para sus lectores algunos de los mitos en los que se ha cimentado la civilización europea.
A medida que Ferry cuenta los maravillosos relatos mitológicos, revela su sentido profundo y su dimensión increíblemente actual: abrir la caja de Pandora, perderse en el laberinto, toparse con la manzana de la discordia…
Al hablar y al escribir se recurre a decenas de imágenes tomadas --casi siempre sin ser consciente de ello-- de la mitología griega, mundo este y valores que están presentes de incógnito, al igual que sus expresiones y saberes, en nuestro lenguaje cotidiano.
Este libro señala esa presencia casi constante de la mitología clásica mediante sencillos relatos.
Pero al contrario de lo que a menudo se piensa, la mitología es mucho más que un simple rosario de cuentos y leyendas. Los grandes mitos que recuerda Luc Ferry constituyen un compendio de filosofía, un conjunto de lecciones de vida y de sabiduría que tienen enorme profundidad. Este libro es un admirable intento de ofrecer respuestas a la ancestral cuestión de la buena vida.
La filosofía clásica griega, en gran medida, es una secularización de los mensajes que emiten los mitos, cuyo estudio, apasionante de por sí, es además indispensable para comprender principios filosóficas que han marcado la cultura de Occidente.
Edita TAURUS

6 dic 2008

"Libro de los monstruos españoles"

En la imagen, trabajo del maestro Jesús Gabán para ilustrar una versión de Blancanieves
Cada país, cada comarca, cada localidad e incluso cada familia tiene sus propios monstruos, creados ex profeso o adoptados. Pero los monstruos de la Península ibérica, al igual que los de Escandinavia o los de Escocia se están muriendo.
La mayoría de los niños y adolescentes de hoy conocen perfectamente a Shreck, por citar un ejemplo, pero pocos saben quien es el Cuélebre. Hollywood está matando a todos los competidores… Es un decir.
Nuestros monstruos "corren un grave peligro de desaparecer porque la gente ya no los conoce, ni sabe cómo se llaman, ni qué forma tienen, ni dónde viven, ni cuáles son sus costumbres, ni cómo se convive con ellos", advierte la autora de este libro, la filóloga Ana Cristina Herreros, que ha contado con la impagable colaboración de Jesús Gabán, el ilustrador que se ha encargado de fotografiar a los monstruos que agonizan en la desmemoria popular.
La autora subraya que "la palabra monstruo viene del latín monstruum y significa que excede a lo natural, prodigio, maravilla, raro, singular; a su vez monstruum procede del verbo monstro, que significa mostrar, enseñar, advertir, aconsejar.
"Monstruo es, pues, lo que se muestra y nos muestra lo que no queremos ver de nosotros, quizá por ello no queremos que aparezcan, no vaya a ser que nos delaten, no vaya a ser que todo el mundo vea que no somos perfectos, que en algún rincón oscuro de dentro de nosotros hay un ser que se deja dominar por la ira, que devora todo lo que se interpone en su camino, que algunas noches se vuelve una bestia, que se comporta de forma caprichosa, que seduce sin reparar en las consecuencias, un ser indómito que se escapa al control, a la norma, un ser prodigioso, maravilloso, raro, singular.
"Además, estos monstruos que están desapareciendo son los monstruos de nuestra tradición oral, los monstruos que habitaron nuestras cuevas, que cantaban junto a una fuente o a la orilla del río, que se bañaron en nuestros mares, que surcaron nuestros cielos, que se ocultaban en nuestros desvanes o hacían diabluras en nuestras cocinas".
En definitiva, se trata de un libro que, llegadas estas fechas, es ideal para cargarlo en el trineo y en los camellos de otros seres de leyenda: Papá Noel y los Reyes Magos.
Edita SIRUELA