
Pero el producto es el mismo.
Es decir, el fabricante y el distribuidor ofrecen el doble, el triple o el cuádruple de productos sin haber variado sustancialmente nada, tampoco los costes de producción y distribución; así, al aumentar el número de productos (las marcas o simplemente los envoltorios) obtienen más beneficio.
He aquí otro ejemplo: Aplicando una táctica similar, a los camareros de ciertos locales hosteleros se les instruye para que eviten preguntar “¿quiere usted beber algo?” porque, de entrada, ya deben plantear el más directo “¿qué quiere beber usted?” El motivo es bien sencillo: la primera pregunta incluye la posibilidad de que el potencial cliente responda con un cortés “no, gracias”; en tanto que la segunda actitud orilla esa opción y conduce al potencial cliente a beber algo, lo que sea, colocándolo ante la incómoda tesitura de tener que responder con un “no, nada”.
Normalmente, el potencial cliente evita todo enfrentamiento verbal y pide una bebida.
Además, para hacer más difícil la respuesta de rechazo y multiplicar la inclinación al consumo, antes de que el cliente responda el camarero pude añadir un gentil “¿qué quiere beber usted?”, e incluso mencionar varias bebidas concretas: “¿le apetece un refresco de naranja, una cola, agua…” Así, responder con un “nada” es difícil.
De esos y de otros resortes y perversiones, a cada cual más inteligente, versa el texto de Max Otte.
Edita ARIEL
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