8 sept 2010

Santiago acoge el congreso mundial del libro infantil y juvenil

Cartel oficial de IBBY 2010
La Organización Internacional del Libro Infantil y Juvenil (IBBY) inicia hoy en Santiago las sesiones de su 32º congreso bianual con la participación de seiscientos especialistas en literatura infantil y juvenil de todo el mundo.
La cita compostelana --ciudad elegida porque el 2010 es Año Jacobeo-- está dedicada a analizar y debatir el tema de las minorías nacionales y lingüísticas, así como las de sexo y las discrimianciones que sufren las personas que precisan atenciones especiales.
El lema elegido y que preside el cartel anunciador de la convocatoria, que ha sido diseñado por el ilustrador gallego Xan López Domínguez, es A forza das minorías (la fuerza de las minorías), asunto que será abordado en siete conferencias plenarias, la última de las cuales correrá a cargo del escritor gallego Manuel Rivas.
El escritor lucense Agustín Fernández Paz recogerá mañana su diploma acreditativo por figurar en la lista de honor del IBBY, junto a otros 64 autores de todo el mundo. Fernández Paz es la tercera vez que figura en esa relación de honor; en esta ocasión ha sido elegido por su libro O único que queda é o amor, una colección de relatos en torno al amor ilustrados por Pablo Auladell que en el 2008 mereció el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil. Este libro, que también está editado en castellano, ya va por su quinta edición y constituye uno de los éxitos editoriales más importantes de la historia de la literatura gallega.

6 sept 2010

"La auténtica historia de las minas del rey Salomón"

Las minas del rey Salomón forman parte de la cultura popular europea desde hace más de un siglo, no tanto por la Biblia y el mítico monarca judío, como por la novela de aventuras que escribió el inglés Henri Rider Haggard, publicada en 1885, en la que relata las peripecias de un grupo de exploradores que viajan a África en busca de un inglés perdido en el corazón del África negra.
La obra alcanzó inusitada difusión en su época --todavía hoy es una obra que goza de tirón comercical-- porque era la primera vez que una ficción literaria situaba la trama en el entonces desconocido continente negro. Las minas del rey Salomón de Rider Haggard está considerada la primera novela sobre mundos perdidos.
La autentica historia de Las minas del rey Salomón, de Carlos Roca, es un intento de sistematizar los conocimientos, los datos objetivos y también las leyendas de las que se dispone y circulan de boca en boca sobre las famosas minas pero, por encima de todo, este libro es una exposición de algunos de los hechos que protagonizaron los servidores del Imperio británico y de los consorcios ingleses que financiaron decenas de exploraciones en África durante el siglo XIX con el objetivo de hallar riquezas naturales.
En esa línea, el libro de Roca se refiere, concretamente, al territorio de los matabele (en el actual Zimbabue), donde según las escasas noticias de que se disponía en la Europa del siglo XIX existían abundantes reservas de oro y piedras preciosas. En el caso concreto del país de los matabele y en el conjunto de la historia de la colonización de África, uno de los personajes más representativos del afán británico por buscar y apropiarse de riquezas fue Cecil Rhodes (fundador de la desaparecida Rodesia, que abarcaba los actuales territorios de Zambia y Zimbabue), que también estaba convencido de que las tierras de los matabele escondían las míticas minas del tercer rey del antiguo Israel.
Hipótesis versus pruebas arqueológicas
No obstante, la hipótesis de que las minas del rey Salomón estuvieran ubicadas prácticamente en el cono sur de África es remota, por no decir descartable, entre otras razones por motivos logísticos. Además, recientes investigaciones indican que las minas del legendario rey judío eran de cobre, no de oro ni de piedras preciosas, y que estaban en la actual Jordania; lo que de entrada es más razonable que situarlas en un territorio situado a más de 10.000 kilómetros del antiguo reino de los judíos.
El equipo de arqueólogos que en el año 2006 identificó una abandonada y olvidada exlotación minera jordana como el más que probable origen de parte de las riquezas del rey Salomón estaba dirigido por Thomas Levy, catedrático de la Universidad de California (EE UU) y por Mohammad Najar, investigador adscrito a la organización Amigos de la Arqueología de Jordania.
El equipo de arqueólogos encontró en Khirbat en-Nahas (distrito jordano de Faynan) pruebas de que hace entre 3.000 y 5.000 años allí se extraía mineral y funcionaba una fundición de cobre, metal que en aquella época y en siglos posteriores tenía un muy elevado valor pues se utilizaba, amén de para fabricar herramientas y armas, para acuñar moneda. Es más, las minas de Faynan ya habrían sido explotadas por los egipcios, pues entre los hallazgos del equipo Levy-Najar figuran un escarabajo y un amuleto de inequívoco origen egipcio.
En todo caso, el libro de Carlos Roca merece lectura porque --además de dar ubicación racional a las minas a las que se refería Rider Haggard en su famosa novela del siglo XIX-- narra el enfrentamiento entre la codiciosa clase dirigente de Gran Bretaña y un pueblo, el de los matabele, que ilustra el comportamiento del imperialismo, lo que ayuda a comprender los avatares vividos en la geografía que hoy ocupan los Estados de Malawi, Zimbabwe, Zambia y Sudáfrica, entre otros.
Edita NOWTILUS

5 sept 2010

"Conspiración", el fin de la República Romana

El autor de esta narración, Robert Dennis Harris (Nottingham, Gran Bretaña, 1957), es un ex periodista que trabajó para la BBC reconvertido en escritor especializado en la recreación de episodios históricos. Sus libros han obtenido amplia aceptación y han sido traducidos, de momento, a una treintena de idiomas.
Entre otras obras de Harris, cabe destacar Patria (Ediciones B), Enigma (Plaza & Janés), El hijo de Stalin (Plaza & Janés), Pompeya (Grijalbo) e Imperium (Grijalbo). Estos dos últimos títulos prueban que Harris ha dedicado años a conocer con detalle la historia de la antigua Roma. De manera que Conspiración es, por así decirlo, fruto de un enjundioso estudio y de un almacén de datos cuidadosamente enriquecido.
Conspiración es, a decir de numerosos historiadores, la mejor recreación novelada de uno de los episodios más apasionantes de la historia de Europa. El protagonista es, para colmo de atractivos, Cicerón, que en la realidad y también en la ficción de Harris hace frente a la trama de conspiradores que urdió Catilina para derrumbar la República Romana, que fue la primera experiencia de ese tipo de régimen en la historia de la humanidad. Harris ha reconstruido con rigor el juego de alianzas que menoscabó fatalmente la estructura de poder romana.
La República Romana comprendió desde el 509 a.C. --cuando cayó el último rey, Lucio Tarquino, apodado el Soberbio-- hasta el año 27 a.c., en el que fue constituido el imperio. La república latina se impuso como potencia dominante en la Península Itálica durante los siglos IV y III a.C., tras someter una a una a todas las tribus y etnias del centro de la actual Italia y enfrentarse con éxito con las ciudades-estado de origen heleno que controlaban el sur de la península y Sicilia (isla conocida como la Magna Grecia).
La república también derrotó y sometió a su control los territorios de las dos grandes potencias mediterráneas de la época: Cartago, fundada por los fenicios, y Macedonia; al tiempo que expandía su poder hasta el finisterre hispano, las riberas del Tigres y del Éufrates, la costa del mar Báltico y el sur de las islas británicas.
Un poder local para unas posesiones continentales
Pero los gobernantes romanos se olvidaron --o fueron incapaces-- de adecuar su estructura de poder, que era de ámbito local --Roma era el ombligo y centro de todo su poder--, por lo que los resortes eran inadecuados para controlar tan vastas posesiones.
La inestabilidad, en parte propiciada por gentes de diversas etnias y culturas llegadas a Roma, desencadenó revueltas y sucesivas guerras civiles. Personajes como Tiberio, Cayo Sempronio, Mario y Sila intentaron cambiar las estructuras, para bien o por interés, pero fracasaron. Tras la llamada rebelión de Sertorio, en Hispania, llegó la conjura de Catilina, que fue el principio del fin de la república al desembocar en la constitución de un triunvirato (Julio César, Pompeyo y Craso) que ejerció el poder a modo de dictadura, hasta que todo se derrumbó y la República Romana dejó paso a una monarquía imperial.
Conspiración permite conocer qué sectores sociales y quiénes, a la sombra de la conjura de Catilina, años después pusieron fin a la República Romana. La narración tiene rasgos propios de novela policíaca, es ágil y su autor tiene el acierto de respetar y utilizar adecuadamente conocimientos y datos probados por los historiadores que han investigado aquella época; virtud esta --la de respetar la ciencia llamada Historia-- que se echa en falta en demasiadas novelas calificadas formalmente de históricas.
Edita GRIJALBO

2 sept 2010

"¡Huy! Por qué todo el mundo debe a todo el mundo y nadie puede pagar"

La trayectoria gográfica-vital del autor de este libro, el británico John Lanchester, es poco menos que una novela: Nació en Hamburgo (Alemania) en 1962, pero creció en Calcuta (India), Rangún (Birmania), el sultanato de Brunéi y Hong Kong (China), para finalizar su formación en la Universidad de Oxford y se casó en Reno (Nevada, Estados Unidos).
Ya adulto, ha trabajado de redactor para editoriales, escribiendo reseñas de libros; ha ejercido de periodista deportivo, también se ha ganado la vida escribiendo necrológicas y obituarios, e incluso críticas gastronómicas, habiendo sido contratado sucesivamente por The Observer, The New York Review of Books, The Guardian, Daily Telegraph, The New Yorker y London Review of Books.
Finalmente, al margen colaboraciones periodísticas esporádicas, se ha dedicado a la novela, siendo autor de varios relatos de notable éxito, destacando El puerto de los aromas, editado en castellano por Anagrama.
Sin embargo, este año ha publicado ¡Huy! Por qué todo el mundo debe a todo el mundo y nadie puede pagar, un texto que versa, básicamente, sobre economía pero que rompe moldes y expone los orígenes y avatares de la actual crisis económica como si de una novela se tratara.
Lanchester logra dos hitos: explicar la crisis de forma amena y comprensible para los no iniciados en Economía y hacer sonreír al lector.
Edita ANAGRAMA

1 sept 2010

"El crash de la información"

En la economía actual, caracterizada entre otras cosas por la desinformación, hay empresas que ofrecen el mismo producto en diferentes segmentos, ¡en realidad, sólo con distintos empaquetados!... Sólo cambia el precio. De modo que el fabricante y distribuidor pueden dirigirse con posibilidades reales de éxito a distintos grupos de compradores; por ejemplo, a la gran mayoría de los consumidores --los que tienen una capacidad adquisitiva en el entorno de la media--, o bien a los vanidosos o elitistas, y también a los más pobres, los que tienen baja capacidad de compra.
Pero el producto es el mismo.
Es decir, el fabricante y el distribuidor ofrecen el doble, el triple o el cuádruple de productos sin haber variado sustancialmente nada, tampoco los costes de producción y distribución; así, al aumentar el número de productos (las marcas o simplemente los envoltorios) obtienen más beneficio.
He aquí otro ejemplo: Aplicando una táctica similar, a los camareros de ciertos locales hosteleros se les instruye para que eviten preguntar “¿quiere usted beber algo?” porque, de entrada, ya deben plantear el más directo “¿qué quiere beber usted?” El motivo es bien sencillo: la primera pregunta incluye la posibilidad de que el potencial cliente responda con un cortés “no, gracias”; en tanto que la segunda actitud orilla esa opción y conduce al potencial cliente a beber algo, lo que sea, colocándolo ante la incómoda tesitura de tener que responder con un “no, nada”.
Normalmente, el potencial cliente evita todo enfrentamiento verbal y pide una bebida.
Además, para hacer más difícil la respuesta de rechazo y multiplicar la inclinación al consumo, antes de que el cliente responda el camarero pude añadir un gentil “¿qué quiere beber usted?”, e incluso mencionar varias bebidas concretas: “¿le apetece un refresco de naranja, una cola, agua…” Así, responder con un “nada” es difícil.
De esos y de otros resortes y perversiones, a cada cual más inteligente, versa el texto de Max Otte.
Edita ARIEL