
Pero para alcanzar tan alto grado de poder, que era impensable para una mujer residente en un país donde primaban criterios religiosos radicalmente misóginos, vivió innumerables penalidades, riesgos y aventuras, casi todas ellas como sujeto paciente.
Arib pasó de niña a mujer con la rapidez propia de un país y de un tiempo en el que ser hembra condicionaba. El ambiente y los valores imperantes marcaron el carácter de Arib, que se preocupó de conocer a fondo los entresijos y los aspectos más destacados de la organización social de su país.
Inspirada en un personaje real, la historia de Arib que ha recreado Agnes Imhof reproduce los atractivos y también lo más deleznable de las cortes del Oriente Próximo, incluidas sus intimidades y las sensaciones de quienes vivieron esa subyugante mezcla de atracción y de repulsión que caracterizó el islamismo de Mesopotamía y de los países que conquistaron los herederos de Mahoma durante el período que va desde el siglo VII hasta el XV, un islam enfrentado a medio mundo y que partir del siglo VIII-IX tuvo que competir con el cristianismo, que ya estaba plenamente institucionalizado y también era impuesto a sangre y fuego por las monarquías mediterráneas y centroeuropeas.
Edita EDHASA
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