
A lo largo de esos cuarenta años, el relato que protagoniza Adam Walter incluye y trata con mayor o menor profundidad asuntos dispares, como las reacciones de los norteamericanos ante la guerra de Vietnam, las singularidades de Francia --país que Auster conoce bastante bien, pues siendo joven allí vivió durante cuatro años--, el mundo caribeño, la poesía como prolongación del yo, o los a veces incontrolables deseos sexuales.
"Le estreché la mano por primera vez en la primavera de 1967. Por entonces yo era un estudiante de segundo curso en Columbia, un muchacho sin formar con ansia de libros o la creencia (o ilusión) de que algún día tendría las suficientes cualidades para considerarme poeta, y como leía poemas, ya conocía a su tocayo del infierno de Dante, un muerto que iba arrastrando los pies por los últimos versos..." Así empieza.
Edita ANAGRAMA
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