27 abr. 2009

Breve historia del Condado de Ribadeo

Faro de Illa Pancha, en la boca de la ría
El libro Condado de Ribadeo. Los trajes del Rey relata el nacimiento y avatares del señorío ribadense y de sus titulares, que influyeron notablemente en la vida de las gentes y en el devenir político-administrativo del territorio que media entre las desembocaduras de los ríos Masma y Navia.
El condado marcó las vidas de cuantos residieron en sus señoríos porque, entre otras cosas, hasta 1816 los titulares del condado cobraron anual y puntualmente las rentas que llevaba aparejadas el título y, además, la decisión de uno de los condes provocó que la comarca eo-naviega dejara de formar parte de Galicia.
El origen del condado tiene calado. Todo empezó en el siglo XIV, cuando Pedro I, único hijo legítimo de Alfonso XI, vio contestados sus derechos a la Corona de Castilla por uno de los diez bastardos que concibió la amante de su padre, la cortesana Leonor Núñez de Guzmán y Ponce de León.
Alfonso XI murió de forma repentina, durante la epidemia de peste que azotó a las tropas que operaban en el Campo de Gibraltar, donde el rey dirigía una expedición para impedir que un ejército yihadista cruzara el Estrecho para apoyar al reino nazarí de Granada. El desembarco islamista fracasó, pero esta es otra historia. El caso es que la inesperada muerte de Alfonso XI fue aprovechada por su esposa, María de Portugal, para expulsar de la corte a Leonor y a los bastardos, que abandonaron el Alcázar de Sevilla, donde radicaba la corte en aquellas fechas.
Una vez coronado, Pedro I desoyó las recomendaciones de su madre y envió recado a Leonor para que compareciera ante él, en Sevilla, donde pactaron que ella y sus hijos regresarían a la corte a cambio de aceptar sin reservas la legitimidad de Pedro I. El gesto fue inútil, pues Leonor siguió alimentando su ambición.
Uno de los hijos de Leonor, Enrique, apellidado Trastámara porque el conde de ese señorío le había ahijado, asumió los deseos de su madre y en aplicación de un detallado plan para ganar apoyos políticos matrimonió con Juana Manuel de Villena, hija de don Juan Manuel de Villena, adelantado mayor de Murcia y que fue el más influyente de los nobles de la corte de Alfonso XI (hoy este personaje es más conocido por su faceta de escritor con el nombre de Infante don Juan Manuel).
El Cruel, un apodo justificado
Enrique, que una vez muerto su padrino heredó el señorío de Trastámara, se levantó en armas contra Pedro I en Asturias; desde donde partió para recorrer el norte de Castilla a fin de recabar apoyos. La reacción de Pedro I fue inmediata y tras varios intentos frustrados de apresar a su hermanastro, hizo prender a la madre, Leonor, que fue encarcelada en el Alcázar de Talavera y poco después, ejecutada.  
El rey perpretró similares atrocidades para castigar a cuantos nobles apoyaron al pretendiente, por lo que fue apodado y pasó a la historia como Pedro I el Cruel.
El levantamiento de Enrique de Trastámara derivó en una guerra civil, aunque de baja intensidad, que coincidió en el tiempo con la Guerra de los Cien Años, que enfrentaba entre sí a los pretendientes de la corona de Francia y a este país con Inglaterra; conflicto que además era alimentado por el Papa por motivos que para nada eran evangélicos.
Enrique de Trastámara se puso al servicio del rey de Francia y poco después también del de Aragón, Pedro IV el Ceremonioso, aliado del francés y que mantenía pleitos fronterizos con el de Castilla en tierras de las actuales provincias de Álava, Logroño, Soria y Cuenca.
Enrique de Trastámara sumó sus tropas a las del monarca aragonés para contribuir a la derrota de su hermanastro y apoderarse de la corona castellana. La guerra fue larga y aunque las batallas en campo abierto fueron esporádicas, miles de campesinos se arruinaron y la hambruna asoló decenas de villas, pues  entre los mercenarios y los caballeros de uno y otro bando eran mayoría los que se dedicaban al saqueo.
En la batalla de Nájera (1360) el Trastámara cayó herido y fue apresado, pero sus captores no lo identificaron, fue liberado y huyó a Francia, donde con el apoyo del rey galo reunió otro ejército para, primero, luchar contra los anglo-normandos y, más tarde, en 1363, cruzar los Pirineos y luchar otra vez al lado del monarca aragonés, que seguía en guerra contra el Cruel.
Exilio y regreso de Pedro I
En 1365, Pedro I creyó disponer de tropas suficientes para adoptar una estrategia más agresiva e invadió tierras aragonesas; pero fue derrotado y huyó a Francia para salvar la vida, donde el castellano se puso al servicio de los anglo-normandos, enfrentados al monarca francés y al de Aragón.   
Con Pedro I en el exilio y superadas las renuencias de algunos cortesanos, Enrique de Trastámara fue coronado rey en 1366.
Mientras tanto, Pedro I el Cruel se había convertido en amigo personal del Edward de Woodstock, señor de Gales. Gracias a este poderoso aliado regresó a la Península al frente de un contingente de anglosajones y, en gran medida debido a la sorpresa, derrotó al confiado Trastámara, cuyo ejército fue desarbolado curiosamente también en Nájera, lo que obligó a Enrique a huir de nuevo a Francia.
El triunfo de los mercenarios
Durante los meses siguientes y gracias a la financiación que le prestó el rey franco Carlos V el Sabio, el Trastámara logró reunir el que fue considerado uno de los más poderosos ejércitos de la época, no tanto por el número de combatientes como porque la mayoría de ellos eran experimentados mercenarios. Los guerreros contratados invadieron Castilla con el apoyo del ejército aragonés y debido a las atrocidades del Cruel, los invasores contaron con el respaldo de numerosas partidas armadas por nobles castellanos que estaban hartos del despotismo de Pedro I.  
El que sería el último rey de la dinastía de Borgoña cayó derrotado en la batalla de Montiel, donde fue apresado, encadenado y horas después llevado a presencia de Enrique, que con sus propias manos mató a su hermanastro de una puñalada en el corazón.
El primer conde de Ribadeo
¿Qué tiene que ver todo esto con el Condado de Ribadeo? Mucho, pues en esa guerra intestina entre el hijo y el hijastro de Alfonso XI participó de forma destacada el primer titular del señorío ribadense: Pierre de Villaines.
Los mercenarios que sirvieron al Trastámara eran comandados por el bretón Bertrand du Guesclin, que fue uno de los nobles francos, que ejercían de señores de la guerra y crearon ejércitos privados para enriquecerse durante el largo conflicto entre anglo-normandos y franceses.  
Entre los lugartenientes de Du Guesclin había un oficial originario de la localidad normada de Beuce que destacaba por su arrojo: Pierre de Villaines. Los mercenarios que invadieron Castilla lo hicieron por dinero, pero las riquezas del Trastámara eran parcas, de modo que  Enrique se comprometió a que una vez coronado otorgaría títulos y derechos recaudatorios a los oficiales de Bertrand du Guesclin. Ahí radica la razón de que un mercenario normando obtuviera la dignidad de conde de Ribadeo.
De Villaines, de cuya presencia en la costa cantábrica no hay constancia documental, participó en varias sesiones de las Cortes castellanas; esto sí está probado, pues consta en media docena de actas en las que figura identificado como titular del señorío ribadense y con el nombre y apellido castellanizados: Pero Villán.
La venta del título y de los derechos
El primer conde de Ribadeo vivió en distintas localidades de Castilla durante un cuarto de siglo y ya cincuentón decidió regresar a su patria. Sabedor de que si abandonaba la Península dejaría de recibir las rentas ribadenses, De Villaines decidió vender sus señoríos al mejor postor, que resultó ser Ruy López de Ávalos, condestable de la Corona en Murcia y señor de Arenas de San Pedro, que abonó al normando cien mil maravedíes.
Las referencias existentes indican que el segundo conde de Ribadeo, Ruy López de Ávalos, era hombre refinado y católico devoto, pero también era un intrigante empedernido y terriblemente autoritario con sus servidores. Esto último le costó caro.
López de Ávalos fue acusado de conspirar contra el joven rey Juan II, que recibió una carta anónima alertando al monarca de que el conde hacía negocios secretos y conspiraba contra elmonarca con el apoyo del reino de Granada. Por lo que Juan II le retiró el título ribadense, que pasó a manos de la Corona.
Este proceso fue posteriormente revisado y se descubrió que la carta había sido remitida a modo de venganza por un escribano que trabajaba para don Ruy. Pese a ello, el rey se negó a rectificar su decisión y López de Ávalos murió solo, empobrecido y extrañado en Valencia.
Rodrigo de Villandrando
Tres años después de morir López de Ávalos, exactamente el 22 de diciembre de 1431 y en ceremonia celebrada en Zamora, Juan II firmó un privilegio nombrando al que sería el tercer Conde de Ribadeo: Rodrigo de Villandrando, profesional de la guerra y persona bien relacionada en la corte. En la concesión del título al de Villandrando influyó que este contaba con excelentes aliados en Francia, donde había luchado en dos campañas contra los anglo-normandos, integrado como oficial en el ejército que lideró Juana de Arco.
Rodrigo de Villandrando se casó con Margarita, hija de un compañero de armas francés, el duque Jean de Borbón. La Borbón falleció poco después de parir un niño, que fue bautizado con el patronímico Charles.  
El conde matrimonió nuevamente, esta vez con Beatriz, hija de Diego López de Zúñiga, conde de Nieva y virrey del Perú. Este segundo emparejamiento concibió dos hijos: María y Pedro.
El primogénito del conde, Charles de Villandrando y Borbón, heredó parte de los bienes y privilegios que los Borbón poseían en Francia, adonde se mudó definitivamente; en tanto que el señorío de Ribadeo fue reservado para el benjamín, Pedro, pero su temprana propició que el cuarto titular del condado fuera una mujer: María de Villandrando y López de Zúñiga, que se casó con un miembro de la familia Sarmiento.
Tras el aventurero mercenario normando, el desgraciado López de Ávalos y el castellano que luchó junto a Juana de Arco, de los siguientes condes de Ribadeo sólo uno de ellos merece ser destacado en la historia de las tierras de Ribadeo y de la Pobra de Navia, pues esta era la circunscripción del señorío. Ese conde que se ganó pasar a la historia fue Diego Sarmiento y Villandrando, que avanzado el siglo XVI decidió vender sus derechos sobre la Pobra de Navia y las entonces codiciadas tierras de Villayón.
Segregación de las tierras del Eo-Navia
El conde alcanzó un principio de acuerdo de compraventa con Lope Ruiz Ron, vecino adinerado de Ibias; sin embargo, las gentes de Navia y Villayón consideraron que la operación perjudicaba sus intereses y, asesorados por Juan Alonso de Navia, titular del Mayorazgo de Anleo, presentaron un alegato ante el rey, el todopoderoso Carlos I de España y V de Alemania.
Con fecha 18 de mayo de 1550 y en Aranda de Duero, Carlos I suscribió un edicto autorizando al conde a enajenar sus derechos sobre las tierras de la Pobra de Navia y Villayón, pero ordenó que los compradores fueran los vasallos del territorio. El dictamen del monarca incluso fijaba el precio: 8.217 ducados y 4 reales.  
El pago se hizo efectivo y el cmbio de titularidad entró en vigor 16 meses después, en septiembre de 1551.
Las consecuencias de esa venta fueron profundas, pues la pérdida de los derechos del condado de Ribadeo sobre la comarca eo-naviega fue tenida en cuenta con motivo de los pleitos territoriales y económicos que durante decenios enfrentaron a los obispados de Mondoñedo y Oviedo.   
La curia astur aprovechó la nueva situación para incorporar a su diócesis las parroquias de las tierras de Navia y Villayón.
El señorío de la Pobra de Navia y Villayón fue breve. Los copropietarios de los derechos fueron incapaces de ponerse de acuerdo a la hora de repartir fincas, caseríos y otras propiedades. Los pleitos se agravaron hasta el extremo de que se produjeron varios enfrentamientos violentos en los que se registraron decenas de muertos y heridos.
Finalmente, en 1608, tras medio siglo de trifulcas y con parte del patrimonio del señorío eo-naviego destruido o abandonado, la Real Chancillería de Valladolid, actuando en nombre del Reino de Castilla anuló todas las ventas, arriendos, traspasos realizados y el patrimonio y los derechos de la mitad oriental del Condado de Ribadeo fueron rescatados por la Corona, circunstancia que reforzó las tesis del obispado oventense, cerrándose así el proceso por el que la comarca del Eo-Navia acabó formando parte de la provincia de Oviedo.
Hoy el condado es un bien de valor exclusivamente histórico cuya dignidad pertenece a la Casa de Alba debido a que la vigésimo quinta condesa de Ribadeo, Rosario de Silva y de Gurturbay, duquesa de Híjar, se casó con el décimo séptimo duque de Alba, que fueron los padres de la que es la vigésimo sexta condesa de Ribadeo: Cayetana James Fitz-Stuart y de Silva, duquesa de Alba. Motivo por el que quien previsiblemenete será el vigésimo séptimo conde de Ribadeo, Carlos James Fitz-Stuart y Martínez de Irujo presidió la inauguración de la exposición celebrada durante el verando del 2007 en Casa das Letras sobre la colección de los trajes de reyes españoles que constituye la única propiedad tangible del condado, prendas que están depositadas en el Palacio de Liria, sede madrileña de la Casa de Alba.
[Este texto resume el contenido del libro Condado de Ribadeo. Los trajes del Rey, editado por Casa das Letras, que incluye la historia del señorío y un largo período de la historia de la villa]

1 comentario:

  1. Buenos días.
    Me tomo la libertad de hablarte del blog a través del cual descubrí el suyo:THE ANGLOGALICIAN CUP: Tonight the streets are ours.
    Ribadeo como coartada para esa entrada.
    Igual te interesa,igual no.
    Saludos.

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