21 mar. 2010

El maestro Delibes sólo ha muerto físicamente

El recién fallecido Miguel Delibes Setién ha sido uno de los más significados escritores en lengua castellana de la segunda mitad del siglo XX y, al igual que en el caso del argentino José Luis Borges, es difícil entender que no recibiera el Premio Nobel de Literatura.
Delibes (Valladolid 1920-2010) fue el tercero de los ocho hijos del matrimonio formado por los cántabros Adolfo Delibes y María Setién. El abuelo paterno de Miguel era un francés originario de Toulouse (Francia) que recaló en Santander con motivo de la construcción del ferrocarril, y el padre de Miguel accedió a la cátedra de Derecho de la Escuela de Comercio de Valladolid, razón por la que la familia se mudó a la ciudad castellana.
Miguel estudió en el vallisoletano colegio de Nuestra Señora de Lourdes, donde concluyó el bachillerato en 1936, semanas antes del golpe de Estado del 18 de julio de 1936. Iniciada la guerra civil, Miguel se enroló voluntario en la Marina franquista y sirvió en el crucero Canarias.
Concluida la contienda, regresó a Valladolid y se matriculó en la Escuela de Comercio y tras finalizar esta carrera, inició la de Derecho al tiempo que cultivaba su pasión y vocación como pintor en la Escuela de Artes y Oficios. En 1941 fue contratado como caricaturista por el periódico El Norte de Castilla, donde inició su afición a escribir.
Su primer texto publicado en el rotativo se tituló El deporte de la caza mayor, y en 1943 obtuvo el carné de periodista profesional que concedían las autoridades de la época a los bachilleres tras realizar un curso intensivo en Madrid. La dirección de El Norte de Castilla otorgó a Delibes el rango de redactor y lo destinó a la sección de cinematografía, si bien continuó realizando caricaturas.
En 1945 obtuvo la cátedra de Derecho Mercantil y comenzó a impartir clases en la Escuela de Comercio. Un año después, se casó con Ángeles de Castro, que influyó sobremanera en la personalidad de Delibes, animándole a dedicarse a la literatura y convirtiéndose en el sostén y en la musa del joven literato.
En 1947, nacieron el primer hijo de Delibes, bautizado también Miguel, y su primera novela, La sombra del ciprés es alargada, con la que ganó el Premio Nadal de 1948. Ya en 1949 se publicó su segundo libro, Aún es de día, que fue parcialmente censurado por las autoridades. En paralelo, como profesor de Historia en la Escuela de Comercio vallisoletana Delibes también tuvo problemas con la Administración franquista, empeñada en que la historia fuera rescrita. Delibes, profundamente católico, mantuvo desde entonces una actitud distante y crítica con el régimen del general Franco.
La consagración: El camino
En 1950, tras sufrir un brote de tuberculosis, Delibes publicó El camino, su tercera obra, que debido a su frescura y heterodoxia en cuanto a contenido constituyó un aldabonazo en el adocenado panorama literario e ideológico de la posguerra, pues relata los conflictos personales y sociales que vive un niño al descubrir las miserias de la vida y afrontar la mudanza de un ambiente rural a uno urbano, proceso que en aquellos años era generalizado en los campos de España.
En 1952, Delibes es nombrado subdirector de El Norte de Castilla, lo que multiplicó exponencialmente sus conflictos con la censura y con las autoridades en general. El periodista y escritor se refugió en la literatura e inició una de sus etapas literarias más feraces, publicando Mi idolatrado hijo Sisí (1953), La partida (1954), Diario de un cazador (1955)…
Los años sesenta supusieron el apogeo literario de Delibes como escritor, publicando la que es una de sus dos obras maestras desde un punto de vista literario: Viejas historias de Castilla la Vieja, colección de relatos cortos que constituyen uno de los espejos más fieles de Castilla y de la España de la época, incluidos valores, bondades y perversiones.
En 1963, Delibes, que ya había accedido a la dirección de El Norte de Castilla, vivió situaciones de alto riesgo, tanto informativa como política y profesionalmente, pues se enfrentó al ministro de Información, Fraga Iribarne, y se vio forzado a dimitir como máximo responsable del periódico vallisoletano.
En los años siguientes, cuando ya había roto total y definitivamente con la España oficial, Delibes ejerció como profesor visitante del Departamento de Lenguas y Literaturas Extranjeras de la Maryland University (Estados Unidos), residiendo largas temporadas en Norteamérica. A su regreso, publicó Cinco horas con Mario, que tras la lección de Viejas historia de Castilla la Vieja, fue el segundo cenit de su trayectoria literaria.
La muerte de Ángeles, su sostén vital
En 1973, Delibes fue elegido miembro de la Real Academia Española y ese mismo año accedió a la Hispanic Society of America. Al año siguiente, en 1974, falleció su esposa, con solo 50 años de edad, lo que marcó el resto de la vida del escritor.
En 1980, el Congreso Internacional de Libreros celebrado en Valladolid rindió homenaje a Delibes, que acababa de publicar Los santos inocentes, donde narra la degradación de una familia campesina explotada por los caciques del rural extremeño, si bien la trama podía haber sido situada en otros muchos territorios de la Península.
En 1982 recibió el Premio Príncipe de Asturias, galardón al que sucedieron otros en un rosario de reconocimientos que se prolongó durante más de 20 años (doctor honoris causa por la Universidad de Valladolid, Premio de las Letras de Castilla-León, caballero de las Artes y de las Letras de la República Francesa, honoris causa por la Universidad Complutense y por la alemana del Sarre, Premio Nacional de las Letras Españolas, Premio Miguel de Cervantes, Premio Nacional de Narrativa, Premio Quijote de las Letras Españolas, etcétera).
En los primeros días de este mes de marzo su ya precario estado de salud --hace ya dos decenios le fue detectado un cáncer de colon-- empeoró y en la madrugada del pasado día 12, con 89 años de edad, en su casa de Valladolid y rodeado de todos sus hijos, Delibes expiró.
OBRA completa de Delibes, en LECTURALIA.

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