16 dic. 2009

"La noche de los tiempos"

Este relato de Antonio Muñoz Molina refleja con elevado acierto la complejidad del exilio, incluidas sus consecuencias en el propio individuo que lo padece. En el caso de esta novela, el autor desgrana la trayectoria de un arquitecto español llamado Ignacio Abel, ciudadano de ideología de izquierdas de los años treinta que está casado, es padre de dos hijos y que forma parte de una familia en la que abundan las personas de fe católica e incluso los fascistas; de manera que el protagonista vive dos alejamientos, uno que es afectivo y de orden familiar y otro, global, social y geográfico que está provocado por la caída de la Segunda República a manos de los golpistas de julio de 1936.
A la postre, Ignacio Abel se ve en gran medida obligado a alejarse de la mayoría de quienes le rodean e, inevitablemente, también de sí mismo. Esta situación se hace evidente con su exilio, recalando en Estados Unidos, donde acaba ganándose la vida como docente.
El escenario principal de la historia, el Madrid de los años treinta, es recreado con abundancia de datos y los personajes de la narración guardan paralelismos con relevantes personajes de la vida pública, desde Bergamín hasta Azaña, pasando por Zenobia Camprubí, que son dibujados con la intención de crear figuras de referencia que ayuden a entender el qué, el cómo y el porqué de una época cuya cotidianidad es desconocida para la gran mayoría de los españoles nacidos tras la guerra civil de 1936-39.
Con saltos en el tiempo y descripciones trufadas de signos y significados, Muñoz Molina logra dar a este relato un alto grado de credibilidad, lo que contribuye a que el lector se enganche, al tiempo que disfruta y padece los avatares de unos personajes que a fecha de hoy son poco más que un vago recuerdo.
Edita SEIX BARRAL

2 comentarios:

  1. Me gustó la novela, pero al mismo tiempo me ha costado trabajo leerla, debido al párrafo largo, con pocos "puntos y aparte", y al excesivo descriptivismo que contiene. En mi opinión la obra sería más redonda si se le quitasen unas 200 páginas.

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  2. La mayoría de los relatos de Muñoz Molina pecan de por exceso de extensión. Hay párrafos --incluso páginas-- que nada portan al guión ni al conocimiento de los personajes, al margen de que sean literariamente acertados y a veces, incluso sublimes.
    Saludos.

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