8 ene. 2011

"Ojos que no ven"

Ojos que no ven es una historia de conflictos personales y universales enlazados, coherente con las propuestas literarias dominadas por la exigencia, el rigor y la intensidad de las tensiones... Como es frecuente en González Sainz, pasado y presente están estrechamente vinculados, para tender uno de los muchos puentes presentes en la novela, aquí el que une la Guerra Civil con el terrorismo de ETA”, ha  opinado J. A. Masoliver Ródenas, en La Vanguardia.
Pablo Martínez Zarracina, en El Correo de Bilbao, ha escrito de Ojos que no ven: “Bastan ciento cincuenta páginas de prosa hipnótica y enorme sabiduría moral para poner ante nosotros una verdad al tiempo evidente y asombrosa... Ojos que no ven es una novela magnífica: un texto profundo e inspirador que está resuelto con esa aparente sencillez que suele ser fruto de la maestría técnica. Estamos además ante un libro que nos concierne especialmente”.  
“González Sainz vuelve a sorprendernos con una novela breve que narra una historia entrañable de tres generaciones, con personajes de carne y hueso, con una prosa pulida y sugerente. Sin duda, una obra redonda e importante... Una hermosa novela que nos habla de un mundo y de las maneras enfrentadas de estar en él, de una ética y una estética, y de las persuasiones de la vileza moral como proyecto político; que introduce el dedo en una de las llagas de nuestra historia reciente, los dramas de la emigración interna, tan poco y mal contada. Una novela que se olvida de sutilezas y zarandajas en boga para abordar casos y cosas que tienen algo de mezquino, si no fuera porque la realidad puede superar a la ficción”, ha reseñado Á. M. Salazar, en Deia, a propósito de Ojos que no ven.
Y en El Semanal Digital, Carmelo López-Arías ha comentado que “el autor de Volver al mundo [anterior novela de González Sainz] demuestra de nuevo que ni todos los escritores se ausentan de la realidad ni, si se enfrentan a ella, optan por la corrección política y el aplauso oficialista... Como en Volver al mundo, el transfondo político no merma la identidad literaria: el estilo de González Sainz (trabajado, hondo, sorprendentemente evocador a pesar de su aparente sequedad formal) se reconoce en cada párrafo merced a tres o cuatro recursos personalísimos. Y la proyección filosófica trasciende el entorno político que refleja... En el universo representativo de González Sainz, el mal originario que desencadena la tragedia siempre tiene un carácter fundante y desmedido, y se desvela en forma de eclosión estremecedora, largamente preparada en las páginas que la preceden”.  
Edita ANAGRAMA

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