Uno de los grandes problemas del mal llamado negocio de librero --aparte de la competencia de las grandes cadenas de venta-- es la progresiva infravaloración de la cultura, que ha llegado al extremo de que algunos consideren el libro como un mero adorno útil para simular inteligencia o estatus socialReproducción íntegra del reportaje titulado Los grandes problemas de los libreros pequeños, cuya autora es Patricia Gonsálvez, y que ha sido publicado en EL PAÍS:
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Entre las librerías que cierran, muchas caen por muerte natural, por no ajustarse al mismo mercado que acaba con los ultramarinos o los relojeros; el problema con las librerías es que, además del drama personal, se pierde una red de proximidad cultural y a veces se cierran instituciones, como Rubiños 1860, un hito madrileño comprado hace unos años por El Corte Inglés y hoy convertido en su departamento de móviles.
Los libreros también se enfrentan a los cambios editoriales. En 2005 se publicaron 69.600 libros. "Los que se venden bien, cada vez venden más, pero los que venden mal, venden menos", según Visor. "Esto no conviene al pequeño librero, que no puede absorber el ritmo de rotación que piden las editoriales", explica Fernando Valverde, presidente de CEGAL, que asocia a los gremios de libreros. "Los grupos editoriales se impacientan", dice Antonio Ramírez. Prefieren tiendas con sitio para el márketing y músculo para venderlo todo en tres meses de promoción.
Para El Corte Inglés su camino está claro: "El énfasis se pone en el instant book
[libros sobre temas de actualidad], el best seller y en los libros de texto", según fuentes del centro. En la FNAC, que vende cerca de seis millones de libros al año en sus 12 tiendas, Ignacio Tolnado asegura, sin embargo, que para ellos el fondo lo es todo: "En 14 años los 100 títulos más vendidos nunca han estado por encima del 13% del total. La diversidad del surtido es clave en nuestro éxito".
Así las cosas, la nueva ley del libro está camino del Parlamento. La gremial dice que el borrador tiene "poca chicha política porque, aunque respeta el precio fijo que garantiza la diversidad cultural, los derechos del lector y salvaguarda a las librerías, reitera la excepción que el PP hizo con los libros de texto cuyos descuentos libres son demoledores para las pequeñas librerías". "Además", añade Valverde, "no obliga a que las compras públicas se hagan a través de las librerías".
Desde que Rodrigo Rato liberalizase en 2000 los descuentos, las librerías lo han notado. La malagueña Rayuela, Premio Nacional 2005, ha perdido este año un 15% en las ventas de texto. Su dueño, Juan Manuel Cruz, no ha renovado a uno de sus empleados: "No podemos luchar contra enormes campañas cuyo objetivo no es vender libros un 25% más barato, sino colocar todo lo demás: lápices, mochilas, uniformes... Los libros son un gancho; por cada euro que se gasta una familia en ellos, se deja entre 9 y 11 euros en artículos complementarios; eso no es un beneficio social para las familias, sino una ventaja comercial para los grandes almacenes. Están arrasando con las pequeñas librerías", dice Cruz. "En África, donde la cultura es oral, se dice que cuando muere un anciano se quema una biblioteca, y esto es algo parecido. Pero tenemos que ser optimistas: dentro del comercio, ser librero es lo más vocacional que hay y mantendremos la llama viva".
Eva Cosculluela, de 34 años, y su socio han abierto hace un año y diez meses en Zaragoza. Su competencia son El Corte Inglés y la FNAC, porque en todo el centro no hay otra librería literaria. Antes eran informáticos; ahora trabajan de diez de la mañana a nueve de la noche, todos los días menos los domingos. En la planta de arriba tienen novelas juveniles y "exquisitos" álbumes para niños. Sillones para padres e hijos. Una máquina de café: "Ponemos todas las facilidades para que la gente se sienta a gusto", dice Eva, "es un negocio difícil, pero vamos tirando despacito, con mucha ilusión; si no, apaga y vámonos". Su librería se llama Portadores de Sueños.
Los libreros también se enfrentan a los cambios editoriales. En 2005 se publicaron 69.600 libros. "Los que se venden bien, cada vez venden más, pero los que venden mal, venden menos", según Visor. "Esto no conviene al pequeño librero, que no puede absorber el ritmo de rotación que piden las editoriales", explica Fernando Valverde, presidente de CEGAL, que asocia a los gremios de libreros. "Los grupos editoriales se impacientan", dice Antonio Ramírez. Prefieren tiendas con sitio para el márketing y músculo para venderlo todo en tres meses de promoción.
Para El Corte Inglés su camino está claro: "El énfasis se pone en el instant book
[libros sobre temas de actualidad], el best seller y en los libros de texto", según fuentes del centro. En la FNAC, que vende cerca de seis millones de libros al año en sus 12 tiendas, Ignacio Tolnado asegura, sin embargo, que para ellos el fondo lo es todo: "En 14 años los 100 títulos más vendidos nunca han estado por encima del 13% del total. La diversidad del surtido es clave en nuestro éxito".
Así las cosas, la nueva ley del libro está camino del Parlamento. La gremial dice que el borrador tiene "poca chicha política porque, aunque respeta el precio fijo que garantiza la diversidad cultural, los derechos del lector y salvaguarda a las librerías, reitera la excepción que el PP hizo con los libros de texto cuyos descuentos libres son demoledores para las pequeñas librerías". "Además", añade Valverde, "no obliga a que las compras públicas se hagan a través de las librerías".
Desde que Rodrigo Rato liberalizase en 2000 los descuentos, las librerías lo han notado. La malagueña Rayuela, Premio Nacional 2005, ha perdido este año un 15% en las ventas de texto. Su dueño, Juan Manuel Cruz, no ha renovado a uno de sus empleados: "No podemos luchar contra enormes campañas cuyo objetivo no es vender libros un 25% más barato, sino colocar todo lo demás: lápices, mochilas, uniformes... Los libros son un gancho; por cada euro que se gasta una familia en ellos, se deja entre 9 y 11 euros en artículos complementarios; eso no es un beneficio social para las familias, sino una ventaja comercial para los grandes almacenes. Están arrasando con las pequeñas librerías", dice Cruz. "En África, donde la cultura es oral, se dice que cuando muere un anciano se quema una biblioteca, y esto es algo parecido. Pero tenemos que ser optimistas: dentro del comercio, ser librero es lo más vocacional que hay y mantendremos la llama viva".
Eva Cosculluela, de 34 años, y su socio han abierto hace un año y diez meses en Zaragoza. Su competencia son El Corte Inglés y la FNAC, porque en todo el centro no hay otra librería literaria. Antes eran informáticos; ahora trabajan de diez de la mañana a nueve de la noche, todos los días menos los domingos. En la planta de arriba tienen novelas juveniles y "exquisitos" álbumes para niños. Sillones para padres e hijos. Una máquina de café: "Ponemos todas las facilidades para que la gente se sienta a gusto", dice Eva, "es un negocio difícil, pero vamos tirando despacito, con mucha ilusión; si no, apaga y vámonos". Su librería se llama Portadores de Sueños.



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