
El relato de Murakami engancha, incluso apasiona, y para colmo --pese a ser la traducción de un idioma radicalmente distinto de los latinos-- posee riqueza literaria, calidad esta que es en gran medida imputable a la traductora, por lo que hay que insistir en el acierto de Porta; no en vano son numerosos los trabajos literarios japoneses que pierden valor e incluso interés debido a las deficientes traducciones.
Además, en el caso de Murakami es obligado resaltar su capacidad para convertir el sincretismo japonés en una actitud filosófica y vital comprensible --o al menos asequible-- para el lector occidental, lo que refleja el amplio conocimiento --e identificación-- que el autor tiene de los criterios occidentales; lo cual, todo sea dicho, se debe en gran medida a las profundas transformaciones que vive la sociedad y el espíritu nipones desde mediado el siglo XX.
El relato de Murakami tiene ritmo casi cinematográfico, de modo que los a veces excesivos dulzor y retórica literarias tan comunes en los autores orientales son menos notorios y los personajes de esta versión japonesa y modernizada de la bella durmiente resultan cercanos, menos exóticos de lo que en principio cabría esperar.
Edita TUSQUETS
[ENLACE al post de Farrapos da Gaita que incluye una crítica singularmente original y de indudable interés sobre esta novela de Murakami]
Muchas gracias por el enlace, amigos. Nos leemos!
ResponderEliminarLuis