11 mar. 2009

"Kosovo. Las semillas del odio"


Kosovo, tierra mítica para los serbios y para los colectivos islámicos asentados en los Balcanes a raíz de la ocupación de la región por las tropas del imperio otomano, ha sido motivo de cíclicos conflictos. Ahora, tras la independencia de la ex provincia serbia, la actitud de la mayoría de gobiernos de la Unión Europea ha abierto la caja de Pandora de las reivindicaciones soberanistas en el resto del continente. El precedente de Kosovo es esgrimido, por ejemplo, por los secesionistas de Abjasia y Osetia del Sur que, con el apoyo de Rusia, reclaman su independencia de Georgia.
La independencia de Kosovo, ya reconocida por la mayoría de las grandes potencias occidentales y medio centenar de países, ha vulnerado el derecho internacional y las resoluciones de Naciones Unidas, bases sobre las que se sustenta el equilibrio y la estabilidad geopolítica.
Kosovo ha sido un territorio multiétnico y parte indiscutible de Serbia durante siglos, pero ha sido limpiada de las comunidades no albanesas, especialmente de serbios.
La violencia, el hostigamiento, los asesinatos indiscriminados y las continuas agresiones a los serbios han sido una constante desde la intervención de la OTAN contra Serbia, en 1999, y la posterior instalación en Kosovo de un régimen de protectorado internacional que, supuestamente, pretendía consolidar la paz. La OTAN y Occidente no sólo han fracasado, sino que han generado un problema de dimensiones mayores, pues la independencia por la fuerza (con tropas de la OTAN estacionadas en la zona) constituye un mal precedente.
Los principios políticos y jurídicos han sido burlados en aras de intereses estratégicos a fin de, entre otras cosas, construir en Kosovo la mayor base militar de Estados Unidos en el oriente europeo.
Edita PLAZA Y VALDÉS

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