22 oct. 2009

"Tres vidas de santos", tres veces Mendoza en un solo libro

Ha pasado un año desde que salió a la venta El asombroso viaje de Pomponio Flato y su autor, Eduardo Mendoza, regresa a las librerías con tres narraciones en un solo libro: Tres vidas de santos, en el que el novelista retrata a tres personajes de tres mundos distintos en tres momentos diferentes y que, sin embargo, guardan relación entre sí y conforman un todo.
Durante la presentación del libro, en Barcelona, Mendoza ha comentado que los protagonistas "no son mártires ni anacoretas, pero están dispuestos a renunciar a todo por una idea. Pueden considerarlos locos o genios y siempre transitan las zonas más oscuras del espíritu (…) En cada uno de los tres relatos intervienen varios personajes. Me costaría señalar con precisión cuál de ellos es el santo al que alude el título. En todo caso quiero creer que todos ellos, si no son santos, tampoco son malas personas".
Es la primera vez que Mendoza se atreve con el relato corto: "Siempre me ha gustado complicarme la vida, de vez en cuando los autores de novela larga tenemos ganas de probar el tapeo. Tengo todo el derecho a romper lo que estoy escribiendo ahora y empezar otra cosa, e incluso a cambiar de registro. Hasta el último momento es la libertad que me permito". No obstante, el escritor ha precisado que, de momento, no tiene intención de dedicarse a los cuentos.
Uno de los tres relatos de este libro, La ballena, que es el que más se parece a las crónicas urbanas que han hecho célebre a Mendoza, se inicia en el Congreso Eucarístico de 1952 y desgrana la vida de un obispo que llega al cargo de forma poco honorable. Y luego Mendoza da un salto y en El final de Dubslav traslada al lector a África, donde un ricachón vive instalado en una confortable superficialidad. Y el tercer cuento, El malentendido, es un diálogo entre clases sociales, con especial atención a un representante del siempre contradictorio lumpenproletariado.
Edita SEIX BARRAL

2 comentarios:

  1. Un autor desenfadado para divertirse un rato e incluso echarse unas risas. Lo tengo en mi lista de pendientes para cuando llegue el momento oportuno.

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