14 jul. 2010

"El alma de las piedras"

En el año 824, el ermitaño Paio, el obispo Teodomiro y un ayudante de este llamado Martín de Bilibio hallaron una tumba cuyos restos identificaron como los del apóstol Santiago el Mayor --lo cual, según todos los indicios, es una simple creencia o convicción carente de valor histórico.
Abundando en invenciones, el cadáver del discípulo de Jesús de Nazaret habría sido trasladado por personas desconocidas hasta un lugar de Galicia cercano al finis terrae, el fin del mundo que entonces conocían los europeos (denominación latina de la que se derivan los topónimos Fisterra, en lengua gallega y Finisterre, en castellano).
Así nació el llamado Iocus Sancti Jacobi, meta de una ruta de peregrinación para los creyentes de la fe cristiana (aunque sería más exacto hablar de fieles de la Iglesia Católica, que fue la entidad que convirtió la sepultura en objeto de culto).
En esta novela de Paloma Sánchez-Garnica se relatan los avatares acontencidos dos siglos después del hallazgo de la supuesta tumba de Santiago, cuando una joven llamada Mabilia descubre una pista que le conduce a un pergamino que narra cómo fue hallado el mítica enterramiento.
En pleno año santo compostelano, el texto de Sánchez-Garnica es radicalmente oportuno como lectura de entrenimiento que abunda en la leyenda que colocó Santiago de Compostela en el mapa de la fe católica.
Edita PLANETA

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