
Sin embargo, uno de los nombres y la fecha colocada a su lado coinciden con la identidad de un monje y el día de sus muerte, lo que provoca natural inquietud entre los residentes en el cenobio.
Siglos después, los miembros de la llamada Orden de los Nombres --descendientes todos ellos de aquel niño del siglo VIII-- siguen escribiendo sin descanso y aumentando el listado de nombres y fechas cuyo significado es...
Sorprendentemente, también sin motivo conocido ni razón aparente, los miembros de la Orden de los Nombres empiezan a suicidarse.
La biblioteca de los muertos no es una gran novela, pero sí es entretenida; mejor dicho, ¡muy etretenida! Además, el estilo de redacción es profesional --aunque en algunos aspectos demasiado envarado o mecánico--, la trama está bien hilvanada, atrae la atención del lector desde las primeras páginas y, en definitiva, es una opción perfecta como lectura de verano. Al fin y al cabo, los thriller ambientados --siquiera parcialmente, como es en este caso-- en la Edad Media son escasos y dan más juego del que se sospecha a bote pronto... ¡Que pregunten a quienes han leído El nombre de la rosa!
Edita GRIJALBO
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