14 ene. 2009

Landa lo cuenta casi todo en "Alfredo el grande"

Alfredo Landa no necesita presentación. Sin embargo, pese a que nunca haya ocultado lo esencial de su forma de pensar ni su carácter primario, su biografía autorizada --escrita por Marcos Ordóñez al dictado de lo que le ha relatado el actor-- aporta detalles desconocidos y en algunos casos, chocantes; en tanto que otros episodios confirman lo que ya se sabía o se sospechaba de un cómico que saltó a la fama protagonizando películas en las que el español medio del tardofranquismo no salía precisamente bien parado.
Landa fue el tímido Castrillo de Atraco a las tres y el hortera de No desearás al vecino del quinto, pero también se puso los zapatos del inolvidable Paco el Bajo de Los santos inocentes y los del bandido Malvís de El bosque animado.
Pero, ¿en qué película se sintió más a gusto el Landa actor? Según él ha confesado, el filme que más le satisfizo interpretar fue Las verdes praderas, en la que interpreta a un infeliz contable bajo la dirección de José Luis Garci, director con el que le une una prolongada amistad en la que, como en casi todas las relaciones de Landa, no han faltado momentos de tensión.
¿Y quién es el Landa más real? Según él mismo ha revelado, es conservador, un tanto chapado a la antigua y muy familiar. ¿Y políticamente? En una reciente entrevista le preguntaron si, como se dice, es un nostálgico del franquismo, a lo que respondió: "No, no, no. ¿Reaccionario yo? ¡Nooooo! Eso sí, escucho todas las mañanas a Federico Jiménez Losantos".
Para unos, Landa ha sido el actor que mejor ha representado al español medio de los años sesenta y setenta, opinión que otros matizan diciendo que los personajes del landismo sólo mostraban lo más vulgar, criticable y grotesco de los más embrutecidos súbditos del franquismo.
En todo caso, la de Alfredo Landa ha sido una de las trayectorias más variadas (comedia, farsa, drama, musical) y prolíficas (más de cien rodajes) del cine español.
En Alfredo el grande, Landa habla sin miedo y en algunos aspectos quizá de forma imprudente; de hecho, ha tenido que pedir disculpas a varias personas sobre las que hace comentarios poco edificantes. De manera que la lectura del libro es atractiva, pero no sólo por las anécdotas picantes y por los episodios de orden más personal, sino también porque ayuda a conocer un poco mejor cómo es el ambiente y el día a día de los profesionales del cine.
Edita AGUILAR

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