12 ene. 2007

"La canción de los misioneros"

Bruno Salvador, conocido como Salvo por amigos y enemigos, "es un eterno ingenuo", subraya John Le Carré, autor de una novela-río de indudable interés y guión que es actualidad desde hace decenios y, por tanto, historia; en este caso recreada.
Salvo tiene 29 años y es el hijo natural, aunque se quedó huérfano, de un misionero católico irlandés y de la hija de un jefe tribal congoleño. Educado inicialmente en la escuela de una misión en la provincia de Kivi, en el Congo Oriental, y más tarde en un discreto refugio para los hijos secretos de los ciudadanos del Estado del Vaticano, Salvo siguió los consejos de su mentor, el hermano Michael, y se preparó para ejercer como intérprete profesional de las lenguas africanas minoritarias que, casi desde su nacimiento ha aprendido obsesivamente.
Convertido en una joven promesa de su profesión, empiezan a cortejarlo empresas de la City londinense, hospitales, tribunales de justicia, agencias de inmigración e, inevitablemente, los poderosos servicios de inteligencia británicos.
También lo corteja --y lo conquista-- Penélope, una mujer blanca de buena familia, reportera de éxito en un gran periódico y con la que Salvo, impulsivo por naturaleza, contrae matrimonio sin pensarlo dos veces. No obstante, ya desde el inicio del relato, nace en él un nuevo e irresistible amor.
Enviado a una isla anónima del Mar del Norte para asistir a una reunión secreta entre financieros occidentales y señores de la guerra congoleños, Salvo se ve obligado a interpretar asuntos que nunca deberían haber llegado a su renacida conciencia africanista.
A ratos novela policíaca, a ratos historia de amor y a ratos alegoría cómica de nuestro tiempo, La canción de los misioneros cuenta el viaje heroicamente ingenuo de Salvo desde las tinieblas de la hipocresía occidental hasta el corazón de la luz.
Edita ARETÉ

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